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24 febrero, 2017

Para mi siempre seras la ¡Gloria! (parte 1)

Te voy a cambiar el nombre
Para guardar el secreto
Porque te amo y me amas
Y a alguien debemos respeto
Te voy a cambiar el nombre
En base a lo que has traído
Ahora te llamaras Gloria
Lo tienes bien merecido
Y hemos de darnos un beso
Encerrados en la luna
Secreto amor te confieso
Te quiero como a ninguna
Y puedo cambiarte el nombre
Pero no cambio la historia
Te llames como te llames
Para mi tu eres la Gloria
Así comienza la canción Secreto de amor -quizás- para mi gusto de las mejores del fallecido cantautor José Manuel Figueroa mejor conocido como Joan Sebastián, quien dedicó su vida al canto inspirado para muchas de sus canciones por sus amores, amores que como a muchos nos hacen felices, nos hacen sufrir pero que en el caso puntual de Joan Sebastián le dieron muchos dolores de cabeza.

Esta canción me gusta mucho, pero; ¿porque me gusta tanto?; bueno la historia se remonta a mi último año de bachillerato en un colegio capitalino de sacerdotes maristas de esos que para los 90’s solo era de varones, cuando la conocí Gloria Isabel “Glorita” para su familia y amigos de infancia. Ella, estudiante de un colegio de monjas Carmelitas que en esos días (también) era solo de hembras, nos conocimos por casualidad una tarde de domingo en un turno del colegio donde estudiaba también mi prima Cecilia -Cecy-, mi prima estudiaba su primer año de bachillerato, Glorita estaba en el tercero al igual que yo, esos turnos o quermeses eran muy famosas para esos años buena parte de la bichada estudiantil de la capital asistían a los mismos ya que era una inmejorable oportunidad de conocer bichas y bichos con la esperanza puesta en terminar de novios ya que al no ser mixtos muchos colegios de la capital la oportunidad de interactuar con el sexo opuesto eran más que escasas en la semana de clases y por ende durante todo el año lectivo.

Mi prima me presentaba como su hermano y viceversa (a nuestro modo era una manera de cuidarnos mutuamente, de cubrirnos en muchas ocasiones), ella siempre me invitaba a sus turnos y eventos del colegio, de igual forma ella siempre iba conmigo a los intramuros donde yo estudiaba, juntos íbamos también a los turnos, intramuros y eventos de lugares como el Colegio Cristóbal Colon, La Sagrada Familia, El Liceo Reverendo Juan Bueno (central), Colegio Belén, el Bethania, el Suizo Salvadoreño, “Chalecos”, La Asunción, María Auxiliadora, la Inmaculada, Ricaldone, el "EXAL", en fin la creme de la creme para la juventud de esos días, una juventud “sana” en varios sentidos si se compara con lo que se vive  en muchos lados en la actualidad.

Gloria tiene una sonrisa seria –si puede existir eso- ojos negros profundos, cabello hasta los hombros liso, barbilla partida y una altura que como ella misma decía en tono de burla "le dificulto siempre conseguir novio".

Nos gustamos casi de inmediato, hubo mucha empatía y afinidad, ella logro en poco tiempo darle un equilibrio a mi vida, me alejo de malas compañías y logre terminar mi último año de bachillerato sin problemas, sin ella creo no hubiera salido invicto (sin dejar materias), al estudiar ambos el último año de bachillerato teníamos mucho en común; bueno, tal vez no tanto... aunque yo pensaba que sí.

Ella, de una familia con muchos recursos de la zonas aledañas a Cojutepeque, hija menor de un matrimonio muy católico, aunque ella nunca creyó en verdad en la existencia de un Dios lo que era contradictorio pues había estudiado desde párvula en un colegio de monjas. Su papá había muerto cuando ella cumplió los quince años haciéndose cago su madre  de la familia y del negocio: transporte de carga a nivel centroamericano  más una venta de cereales al mayoreo muy fuerte. La señora jamas pensó en hacer hogar nuevamente.

Fui a su casa varias veces durante nuestros primeros meses de noviazgo (nunca pedí permiso para andar con ella), me presento a la mamá y a sus dos hermanas mayores con las cuales creo que congeniamos bien, la señora quien tenía un carácter muy afable pero según me decía la misma Gloria para mandar a los hombres que le trabajaban "le sobraban huevos".

La segunda hija del matrimonio estudiaba en la UCA, ella vivía en la capital, en la colonia la Floresta, esa casa era de su papá pero en vida el la heredo a una hermana que había perdido al esposo para el tiempo de la guerra, cuando eso sucedió, el papá de Gloria se hizo cargo de su hermana y de su sobrino quien también estudiaba en la UCA, este primo de Gloria años después dejaría las letras universales para entrar al seminario en la ciudad de Guatemala y convertirse en sacerdote de La Compañía de Jesús (Jesuitas).

Gloria y yo anduvimos de novios durante dos años casi, al terminar ambos el bachillerato empezamos cada quien una carrera distinta: ella se decidió por las leyes. Aunque siempre pensé que estudiaría otra cosa pues era una asidua lectora y amaba en sobre manera los libros y literatura en general, una buena literatura como ella decía. Me hablaba de Sábato, Cortázar y su Rayuela, Borges –el inefable Borges- a quien conocí por ella precisamente, Alfonsina Storni quien se suicidó porque consideraba que “el suicidio era una elección concedida por el libre albedrío”, y así lo había expresado en un poema dedicado a su amigo y amante, el también poeta (y suicida) Horacio Quiroga de quien Gloria tenía un ejemplar muy antiguo de Cuentos de amor de locura y de muerte, me hablaba de  Mario Vargas Llosa y los cachorros, de Federico Garciá Lorca y su prematura muerte a manos de la dictadura de Francisco Franco.

Gloria odiaba a los militares y todo lo que representaban, los odiaba porque su padre había muerto después de tener una discusión con un coronel del ejército salvadoreño quien pretendía  que su papá le “vendiera” unos terrenos a un precio dictado por el coronel y además a plazos, se supone que este militar habría amenazado con dañar a su familia si no le eran vendidos dichos terrenos en los términos y condiciones que él había estipulado. Después de esta discusión su padre sufriría una crisis diabética lo que desembocaría en un paro respiratorio más un infarto al miocardio mientras era traslado a un hospital capitalino.

Este coronel (según me contó Gloria) moriría un mes después en un accidente de tránsito, cuando una rastra cañera lo saco de la carretera mientras regresaba de un evento familiar en la zona de Colima, el coronel no traía escolta y viajaba acompañado de su motorista nada más; ninguno sobrevivió. No hice más preguntas sobre el tema después de saber esto.

Gloria no era una mujer cariñosa en sí, la verdad no tenía mucha experiencia con novios, yo fui su segundo novio y con el primero no le había ido muy bien quizás por eso siempre andaba como le diría yo en más de una ocasión en defense mode.

La relación transcurría entre altos y bajos ella empezó a estudiar en la Universidad Centroamericana junto con su hermana y su primo, yo trabajando lejos y con dificultad asistía a la Universidad de El Salvador por lo que el segundo -casi- año de noviazgo en realidad no fue mejor que el primero.

Gloria dio por terminada nuestra relación un día de agosto, en el mes de mi cumpleaños, sin dar una mayor explicación, simplemente termino. Cuando le pregunte cual era la razón solo se encogía de hombros sin decir nada más...

FIN (parte 1)