Escribir esto para mí ha sido difícil, una amiga que es una
virtuosa de las letras y la inspiración me animo y por fin decidí hacerlo.
Sea pues estas frases, este recordar mío un tributo a la persona
quien le dio la vida a mi madre y por el cual ahora puedo estar escribiendo; mi
abuelito Francisco Hernández (Paco).
Francisco Hernández Arias nació varón el 05 de febrero de 1923, en
San Miguel, hijo unigénito de Raúl Hernández y María Arias, ese día fue martes.
Mi abuelito tuvo que mudarse a
Tonacatepeque muy jovencito, debido a los problemas sociales que ya existían en
el país, las revueltas campesinas y ese ambiente de inseguridad en el campo
obligaron a la familia a enviar a mi abuelito a vivir con una tía (Tía Celia) a
Tonacatepeque, bastante lejos de su ciudad natal a la que regresaría solo años
después convertido en un hombre.
Mi abuelito fue a la escuela y termino
el sexto grado, siendo para esos días un gran logro pues la mayoría de padres
se preocupaban por que sus hijos varones aprendieran un oficio, mi abuelito aprendió
el oficio de carpintero, el mismo que tenía Jesucristo.
Mi abuelito amaba este país, amaba la
libertad y defendía mucho al pobre y al trabajador de las injusticias de los
patrones, mi abuelito participo activamente desde la fundación del Partido Demócrata Cristiano,
siendo muy allegado del presidente José Napoleón Duarte, fueron tan cercanos
que mi abuelito estuvo en el exilio junto con quien seria luego presidente de este país,
esta huida se dio cuando hubo el golpe de
estado en apoyo al coronel Arturo Armando Molina.
Ambos estuvieron exiliados en
Venezuela, regresando casi siete años después, nadie en la familia supo nunca
(talvez solo mi abuelita lo supo) que paso en ese tiempo pero esa estancia
obligada en Venezuela hicieron que al volver mi abuelito se alejara paulatinamente
de la política, dedicándose a su trabajo, a la carpintería y a la familia por
completo; quizás esto último fue -el miedo- lo que hizo que se alejara de la política y el amor por sus hijos.
Mi abuelito procreo cinco hijos con mi
abuelita Eva, cuatro están vivos.
En una ocasión escuche de un familiar
que mi abuelito se había alejado del Ing. Duarte cuando un día que lo había acompañado
a ver la construcción de una fábrica que estaban montando en el país con
capital japonés mi abuelito escucho al Ingeniero Duarte decirle a los japoneses:
“estos indios no necesitan tantas cosas,
acá trabajan por poco”, esto en alusión a que los inversores japoneses querían
mejorar las condiciones de trabajo de los obreros que participaban en la construcción
de la fabrica, esto habría sido –supuestamente-
lo que decepciono a mi abuelito y causaron el distanciamiento de ambos,
a pesar que a mi me consta que lo buscaron en varias ocasiones para que
regresara, recuerdo de niño ver en la casa de mi abuelito tomando café y hablando
de política a ciertos personajes como el Dr. Fidel Chávez Mena, al Dr. José
Antonio Morales Erlich, al licenciado Julio Adolfo Rey Prendes “Fito Rey”, y así
vi muchos otros conocidos de la vieja guardia del PDC.
Yo no recuerdo palabras de cariño de
mi abuelito, aunque si guardo (mi madre) fotos donde estamos juntos cuando yo
estaba muy pequeño, muchas fotos donde estamos juntos y pues ahí se ve feliz, cosa rara pues su semblante siempre fue serio es mas me duele aceptar que ya en la etapa de mi vida donde tengo vividos recuerdos
no logro encontrar nada que me recuerde a un abuelito cariñoso...quizás su carácter fuerte lo hacían ser un tanto
“duro” para demostrar sus sentimientos.
Yo fui su primer nieto -y varón- por
lo que ipso facto herede su nombre
siendo en adelante esto una tradición no escrita para la familia: “el primer
hijo varón de sus descendientes llevaran su nombre: Francisco”, somos tantos
Francisco en la familia que cuando nos reuníamos siempre se nos llamaba por el
otro nombre, pues de lo contrario todos hubieran volteado al unísono al
escuchar un “Francisco veni a comer…”
Mi abuelito tuvo la oportunidad de
trabajar en la industria azucarera, en la desaparecida Refinería salvadoreña de
azúcar” una fábrica que se dedicaba como bien indica su nombre a refinar el
azúcar que procedía de los ingenios azucareros, él estuvo por casi dos décadas en
la misma, desde que comenzó como ayudante de albañilería cuando la estaban
construyendo luego paso a trabajar en los talleres de mantenimiento y
finalmente al área de las centrifugas, lugar donde se jubilaría no sin antes
este último puesto pasar factura pues mi abuelito perdió casi el 50% de la
audición por trabajar en esa área sin utilizar el debido equipo de protección
personal, antes no existía eso de la SEHI (normas de Seguridad e Higiene Industrial) mucho
menos pensar que el MINTRAB fuera a supervisar estas labores.
Mi abuelito nunca puso un taller
formal de carpintería pero si tenía todo lo necesario en su casa, todo estaba en
un área dedicada a completamente a esto, allí mi abuelito le trabajo a
empresarios importantes, a políticos conocidos de esos días, gente del medio teatral
para que les diseñara y armara luego in situ las tramoyas, incluso le trabajo varias veces a un ex presidente de ARENA antes de
ser presidente de la republica, yo le ayude mucho a mi abuelito en esos trabajos, me gustaba me
llevara a esos trabajos que a veces implicaban dormir en casa ajena por la
distancia donde se hacían los mismos.
Mi abuelito nos enseñó a sus nietos
varones que un clavo debe meterse -lo más- de tres golpes con el martillo
después de eso venia una de sus frases predilectas: “ala puta muchacho, quita…no podes nada”. Lo curioso es que mis abuelitos se
enfocaron que todos sus nietos varones nacidos en el país aprendieran un
oficio, todos aprendimos algo menos la carpintería, eso seguro lo decepciono,
aunque nunca lo dijo.
Mi abuelito aparte de vivir en
Venezuela exiliado tuvo la oportunidad de conocer en sus años de juventud
Honduras, Guatemala, Nicaragua, asi como viajar a México un par de ocasiones cuando era militante activo del
PDC, además en los últimos veinte años de su vida viajo cinco veces a Canadá y tres más a
Estados Unidos, el viejito era vago….el cerro verde era un viaje agendado todos
los años, así como ir a la catedral de Santa Ana, pero lo que más le gustaba era
los viajes al mar, pasábamos de niños una semana en San Diego en el rancho de
unos amigos del PDC, ahí disfrutaba ir a la playa aunque no se bañaba pues él
decía que de niño casi se ahoga cuando conoció el mar por primera vez, así que
a él le gustaba la sensación de la brisa marina en el rostro, esa libertad de
sentir el agua salada en tu cara…mi abuelito amaba la libertad.
Hay tres cosas de las que estoy seguro de mi abuelito (aparte que
amo a su familia por sobre todas las cosas y lucho por ellos):
1- Amaba la libertad
2- Le iba al Club Deportivo Águila de San Miguel
(obviamente)
3- Odiaba al FMLN y a todo lo que representaba
Debido a este último punto sentí que
en el fondo él nunca estuvo de acuerdo -y no me perdono- aunque no lo expreso cuando en mis tiempos de estudiante de la UES forme parte de los movimientos estudiantiles y mucho menos
cuanto tuve la oportunidad de estudiar en el centro de estudios políticos del
Frente Farabundo Martí para la liberación nacional FMLN (así hacen que uno se
lo aprende y así debe decirse).
En cierta ocasión él estaba dirigiendo
un equipo en el teatro presidente que armaba una escenografía para una obra de
don Antonio Lemus Simún, yo llegue para ayudarlo y cuando vio que la persona
que me llego a dejar en su carro NISSAN Mark II era un conocido periodista y
luego presentador muy popular a fin a los movimientos sociales de los 90´s. Me miró
fijamente y me dijo: “ese cabrón barbudo no
es buena pieza, es un mentiroso habla bonito, eso le gusta a la gente y por eso
le creen pero vos no sos tonto muchacho, no te juntes con él, no te va a llevar
nada bueno esa junta”.
Tenía razón mi abuelito, ahora ese cabrón
barbudo esta exiliado en Nicaragua y en verdad no me hubiera llevado a nada
bueno seguir con esa junta.
Mi abuelito murió el 21 de agosto de
este año, a sus 93 años de edad perdió la última batalla, lucho contra la
hipertensión, la insuficiencia renal, problemas cardiacos y de los pulmones, una
ceguera parcial, la sordera que lo acompaño desde hacía más de 30 años, no pudo
más y se fue.
Perdió esa batalla no sin antes
decirme algo muy importante cuando lo visite uno de los casi 20 días que
permaneció ingresado en un hospital de capital:
“yo casi no duermo, es que mucho pienso en las cosas que tengo que hacer
en la casa…y la verdad es que uno deja de pensar hasta que se muere”.
A mi abuelito lo enterramos con el traje
que más le gustaba, uno color café
quemado que fue un regalo que le hizo el dueño del desaparecido almacén “El
Torreón” (allá cerca de la plaza Morazán), se lo hicieron en el almacén Montecarlo
a la medida y lo usaba para los eventos importantes como la graduación de algún
nieto, una boda, bautizos o algo así, además se le puso dentro de su ataúd una
bandera del Club deportivo Águila, su carnet de afiliación del PDC y una
mención como fundador del mismo, además una “Magnifica” la que siempre anduvo
en su billetera de cuero echa en México y que se la había regalado el periodista mexicano
Ignacio Matus a quien conoció en un evento del desaparecido Partido
Demócrata Mexicano (PDM) en el Distrito Federal.
Después de esto no me resta más que
decir: gracias abuelito Paco por darme la vida, gracias por enseñarme el valor
del trabajo, la honestidad, la decencia, gracias por enseñarme que nadie debe pisotearte, gracias por enseñarme -y bien- a ser un hombre, gracias por estar conmigo siempre. Te amo.
Tarde mucho tiempo en terminar esta nota y
agradezco a una persona muy especial: Irene Martinez quien me acompaño en todos esos momentos tan difíciles dándome su apoyo, compañía y cariño por completo. Así mismo a mi amiga Arely Calderón quien me impulso a terminarla, gracias por
sus palabras; ya quisiera yo un poquito de la inspiración que brota
de su cabecita, en verdad una virtuosa de las letras así como pluma privilegiada de este país como yo siempre le digo.



Amigo fue un hermoso tributo a tu abuelito, quizás quisiera tener un poquito de eso. Nos permitiste pasar a través de la nota por tu historia y la de tu extraordinario abuelo, gracias por tus palabras hacía mí, se que son sinceras y de mi parte sabes que encuentras en mi una amiga, te quiero mucho 😘
ResponderBorrarGracias mi amiga....se que estas siempre para mi.
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