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27 noviembre, 2016

Gracias abuelito

Escribir esto para mí ha sido difícil, una amiga que es una virtuosa de las letras y la inspiración me animo y por fin decidí hacerlo.

Sea pues estas frases, este recordar mío un tributo a la persona quien le dio la vida a mi madre y por el cual ahora puedo estar escribiendo; mi abuelito Francisco Hernández (Paco).

Francisco Hernández Arias nació varón el 05 de febrero de 1923, en San Miguel, hijo unigénito de Raúl Hernández y María Arias, ese día fue martes.


Mi abuelito tuvo que mudarse a Tonacatepeque muy jovencito, debido a los problemas sociales que ya existían en el país, las revueltas campesinas y ese ambiente de inseguridad en el campo obligaron a la familia a enviar a mi abuelito a vivir con una tía (Tía Celia) a Tonacatepeque, bastante lejos de su ciudad natal a la que regresaría solo años después convertido en un hombre.


Mi abuelito fue a la escuela y termino el sexto grado, siendo para esos días un gran logro pues la mayoría de padres se preocupaban por que sus hijos varones aprendieran un oficio, mi abuelito aprendió el oficio de carpintero, el mismo que tenía Jesucristo.

Mi abuelito amaba este país, amaba la libertad y defendía mucho al pobre y al trabajador de las injusticias de los patrones, mi abuelito participo activamente desde la fundación del Partido Demócrata Cristiano, siendo muy allegado del presidente José Napoleón Duarte, fueron tan cercanos que mi abuelito estuvo en el exilio junto con quien seria luego presidente de este país, esta huida se dio cuando hubo el golpe de estado en apoyo al coronel Arturo Armando Molina.
Ambos estuvieron exiliados en Venezuela, regresando casi siete años después, nadie en la familia supo nunca (talvez solo mi abuelita lo supo) que paso en ese tiempo pero esa estancia obligada en Venezuela hicieron que al volver mi abuelito se alejara paulatinamente de la política, dedicándose a su trabajo, a la carpintería y a la familia por completo; quizás esto último fue -el miedo- lo que hizo que se alejara de la política y el amor por sus hijos.

Mi abuelito procreo cinco hijos con mi abuelita Eva, cuatro están vivos.

En una ocasión escuche de un familiar que mi abuelito se había alejado del Ing. Duarte cuando un día que lo había acompañado a ver la construcción de una fábrica que estaban montando en el país con capital japonés mi abuelito escucho al Ingeniero Duarte decirle a los japoneses: “estos indios no necesitan tantas cosas, acá trabajan por poco”, esto en alusión a  que los inversores japoneses querían mejorar las condiciones de trabajo de los obreros que participaban en la construcción de la fabrica, esto habría sido –supuestamente-  lo que decepciono a mi abuelito y causaron el distanciamiento de ambos, a pesar que a mi me consta que lo buscaron en varias ocasiones para que regresara, recuerdo de niño ver en la casa de mi abuelito tomando café y hablando de política a ciertos personajes como el Dr. Fidel Chávez Mena, al Dr. José Antonio Morales Erlich, al licenciado Julio Adolfo Rey Prendes “Fito Rey”, y así vi muchos otros conocidos de la vieja guardia del PDC.

Yo no recuerdo palabras de cariño de mi abuelito, aunque si guardo (mi madre) fotos donde estamos juntos cuando yo estaba muy pequeño, muchas fotos donde estamos juntos y pues ahí se ve feliz, cosa rara pues su semblante siempre fue serio es mas me duele aceptar que ya en la etapa de mi vida donde tengo vividos recuerdos no logro encontrar nada que me recuerde a un abuelito cariñoso...quizás su carácter fuerte lo hacían ser un tanto “duro” para demostrar sus sentimientos.

Yo fui su primer nieto -y varón- por lo que ipso facto herede su nombre siendo en adelante esto una tradición no escrita para la familia: “el primer hijo varón de sus descendientes llevaran su nombre: Francisco”, somos tantos Francisco en la familia que cuando nos reuníamos siempre se nos llamaba por el otro nombre, pues de lo contrario todos hubieran volteado al unísono al escuchar un “Francisco veni a comer…”

Mi abuelito tuvo la oportunidad de trabajar en la industria azucarera, en la desaparecida Refinería salvadoreña de azúcar” una fábrica que se dedicaba como bien indica su nombre a refinar el azúcar que procedía de los ingenios azucareros, él estuvo por casi dos décadas en la misma, desde que comenzó como ayudante de albañilería cuando la estaban construyendo luego paso a trabajar en los talleres de mantenimiento y finalmente al área de las centrifugas, lugar donde se jubilaría no sin antes este último puesto pasar factura pues mi abuelito perdió casi el 50% de la audición por trabajar en esa área sin utilizar el debido equipo de protección personal, antes no existía eso de la SEHI (normas de Seguridad e Higiene Industrial) mucho menos pensar que el MINTRAB fuera a supervisar estas labores.

Mi abuelito nunca puso un taller formal de carpintería pero si tenía todo lo necesario en su casa, todo estaba en un área dedicada a completamente a esto, allí mi abuelito le trabajo a empresarios importantes, a políticos conocidos de esos días, gente del medio teatral para que les diseñara y armara luego in situ las tramoyas, incluso le trabajo varias veces a un ex presidente de ARENA antes de ser presidente de la republica, yo le ayude mucho a mi abuelito en esos trabajos, me gustaba me llevara a esos trabajos que a veces implicaban dormir en casa ajena por la distancia donde se hacían los mismos.

Mi abuelito nos enseñó a sus nietos varones que un clavo debe meterse -lo más- de tres golpes con el martillo después de eso venia una de sus frases predilectas: “ala puta muchacho, quita…no podes nada”. Lo curioso es que mis abuelitos se enfocaron que todos sus nietos varones nacidos en el país aprendieran un oficio, todos aprendimos algo menos la carpintería, eso seguro lo decepciono, aunque nunca lo dijo.

Mi abuelito aparte de vivir en Venezuela exiliado tuvo la oportunidad de conocer en sus años de juventud Honduras, Guatemala, Nicaragua, asi como viajar a México un par de ocasiones cuando era militante activo del PDC, además en los últimos veinte años de su vida viajo cinco veces a Canadá y tres más a Estados Unidos, el viejito era vago….el cerro verde era un viaje agendado todos los años, así como ir a la catedral de Santa Ana, pero lo que más le gustaba era los viajes al mar, pasábamos de niños una semana en San Diego en el rancho de unos amigos del PDC, ahí disfrutaba ir a la playa aunque no se bañaba pues él decía que de niño casi se ahoga cuando conoció el mar por primera vez, así que a él le gustaba la sensación de la brisa marina en el rostro, esa libertad de sentir el agua salada en tu cara…mi abuelito amaba la libertad.

Hay tres cosas de las que estoy seguro de mi abuelito (aparte que amo a su familia por sobre todas las cosas y lucho por ellos): 
1- Amaba la libertad 
2-  Le iba al Club Deportivo Águila de San Miguel (obviamente) 
3-  Odiaba al FMLN y a todo lo que representaba

Debido a este último punto sentí que en el fondo él nunca estuvo de acuerdo -y no me perdono- aunque no lo expreso cuando en mis tiempos de estudiante de la UES forme parte de los movimientos estudiantiles y mucho menos cuanto tuve la oportunidad de estudiar en el centro de estudios políticos del Frente Farabundo Martí para la liberación nacional FMLN (así hacen que uno se lo aprende y así debe decirse).

En cierta ocasión él estaba dirigiendo un equipo en el teatro presidente que armaba una escenografía para una obra de don Antonio Lemus Simún, yo llegue para ayudarlo y cuando vio que la persona que me llego a dejar en su carro NISSAN Mark II era un conocido periodista y luego presentador muy popular a fin a los movimientos sociales de los 90´s. Me miró fijamente y me dijo: “ese cabrón barbudo no es buena pieza, es un mentiroso habla bonito, eso le gusta a la gente y por eso le creen pero vos no sos tonto muchacho, no te juntes con él, no te va a llevar nada bueno esa junta”.

Tenía razón mi abuelito, ahora ese cabrón barbudo esta exiliado en Nicaragua y en verdad no me hubiera llevado a nada bueno seguir con esa junta.

Mi abuelito murió el 21 de agosto de este año, a sus 93 años de edad perdió la última batalla, lucho contra la hipertensión, la insuficiencia renal, problemas cardiacos y de los pulmones, una ceguera parcial, la sordera que lo acompaño desde hacía más de 30 años, no pudo más y se fue.

Perdió esa batalla no sin antes decirme algo muy importante cuando lo visite uno de los casi 20 días que permaneció ingresado en un hospital de capital:  “yo casi no duermo, es que mucho pienso en las cosas que tengo que hacer en la casa…y la verdad es que uno deja de pensar hasta que se muere”.

A mi abuelito lo enterramos con el traje que más le gustaba, uno color café quemado que fue un regalo que le hizo el dueño del desaparecido almacén “El Torreón” (allá cerca de la plaza Morazán), se lo hicieron en el almacén Montecarlo a la medida y lo usaba para los eventos importantes como la graduación de algún nieto, una boda, bautizos o algo así, además se le puso dentro de su ataúd una bandera del Club deportivo Águila, su carnet de afiliación del PDC y una mención como fundador del mismo, además una “Magnifica” la que siempre anduvo en su billetera de cuero echa en México y que se la había regalado el periodista mexicano Ignacio Matus a quien conoció en un evento del desaparecido Partido Demócrata Mexicano (PDM) en el Distrito Federal.


Después de esto no me resta más que decir: gracias abuelito Paco por darme la vida, gracias por enseñarme el valor del trabajo, la honestidad, la decencia, gracias por enseñarme que nadie debe pisotearte, gracias por enseñarme -y bien- a ser un hombre, gracias por estar conmigo siempre. Te amo.

Tarde mucho tiempo en terminar esta nota y agradezco a una persona muy especial: Irene Martinez quien me acompaño en todos esos momentos tan difíciles dándome su apoyo, compañía y cariño por completo. Así mismo a mi amiga Arely Calderón quien me impulso a terminarla, gracias por sus palabras; ya quisiera yo un poquito de la inspiración que brota de su cabecita, en verdad una virtuosa de las letras así como  pluma privilegiada de este país como yo siempre le digo.



2 comentarios:

  1. Amigo fue un hermoso tributo a tu abuelito, quizás quisiera tener un poquito de eso. Nos permitiste pasar a través de la nota por tu historia y la de tu extraordinario abuelo, gracias por tus palabras hacía mí, se que son sinceras y de mi parte sabes que encuentras en mi una amiga, te quiero mucho 😘

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