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07 junio, 2017

Tú, la que no tienes nombre

“Hoy la vi nuevamente, ella ensimismada en sus pensamientos y absorta de nada que no sea lo que en ese momento atrae su atención. Yo sigo observándola con disimulo para no levantar sospechas; aunque no creo ella imagine nunca que yo la observo… desde que la conocí”
“Tú, la que no tienes nombre” cada día me cuesta más disimular lo que siento cuando te veo, me turba el hecho de no coincidir en tu camino diario, quisiera saber tus movimientos antes que los hagas para poder adelantarme a ellos y cruzarme contigo. Tú, la que no tiene nombre aún me llamas demasiado la atención, robas horas largas de pensarte y recordarte, de extrañarte sin merecer de ti siquiera una mirada, eso me mata”
“Hoy la vi nuevamente, ella no me ha notado, ocupa su tiempo en otras cosas. Durante el viaje trato de leer un libro, pero mi atención merma al saberla cerca”.
“El amor tiende a la exageración, ésta es su fuerza y su debilidad, la causa de sus ilusiones y de sus desengaños”.
Así escribió el gran e inmortal Henri de Régnier, pero cuánta razón tenía en su obra de 1930 Lettres diverses et curieuses, écrites par plusieurs à l'un d'entre eux. Cuando cita de manera magistral el amor comparándolo con la razón de la cual George Lyttelton decía también: "El amor puede esperar todavía cuando la razón desespera".
Pero quien le dice a mi razón que es más que imbécil fijarme de una persona que no sabe que existo, rememoro mis días de adolescente cuando la veo, me siento como el adolescente que ve a la muchacha que le gusta a la cual considera inalcanzable para él; así me siento yo por ella: “La que no tiene nombre”.
Hoy por fin me vio, se rio conmigo, creo ya había notado que la observaba pero aún no tengo el valor de esbozar un tibio “hola, que tal” con el que rompería el silencio. Su sonrisa me cautiva, su mirada me congela, me tiembla el habla solo de imaginar una conversación con ella, aún sigue sin tener un nombre…
Ya nos hablamos ya conozco su nombre, solo falta que ella conozca mi corazón.
Me gustan sus ojos, su boca, su cabello…me encanta como juega con él, su color de piel me fascina, su ser de mujer me enloquece y el saberla cerca alienta en mi un sentimiento que no experimentaba hace tiempo, me recuerda al precursor de la poesía francesa, el Duque Guillermo IX de Aquitania: "Del amor no puedo hablar, ni siquiera lo conozco porque no tengo el que quiero..."
Seguiré escondiendo lo que siento pues entiendo que no está sola, no me lo dice pero yo lo noto!.

 “Mientras exista algo que pensar, algo que escribir, siempre estarás presente en esta ausencia que no te olvida...”