Hace ya un año se conocieron de la
manera más inusual y extraña -para muchos-
para otros es una manera practica en estos días de encontrar personas con
gustos y afinidades en común.
Todo comenzó así:
Ella en la soledad de su alcoba
leyendo prosas y versos, novelas históricas y libros de cultura,
él ya la conocía, la había leído
alguna vez a través del cristal de su
pantalla y se interesaba en sus letras, le pareció más que intensa su
manera de expresar, de decir lo que sentía.
Fue esa misma noche en horas avanzadas
cuando una letras atrajeron su mirada, eran palabras perfectamente acordes,
quizás esa fue la razón que despertó aún más su interés para leerlo,
minutos más tarde ella llena de
nervios tomo la iniciativa de enviarle un mensaje, solo un saludo bastaba para
sentir la emoción de cruzar palabras con aquel caballero misterioso que ella tanto admiraba,
inmediatamente con gentileza "Es un honor" fue la respuesta recibida a vuelta de unos
tibios caracteres desde el teclado distante de otro país...
Esas letras evocaban recuerdos, tenían la dulzura y la calidez de su antiguo amor, que aun latente en su
mente estaba, eso él no lo sabía, pero lo imaginaba.
La comunicación creció y cada vez era
mayor, ella más atrapada por la
sabiduría y el encanto de sus letras ya
que aún su rostro desconocido era, pero sabía que algo nació en ella, algo que
no sentía hacia tiempos ya, una ilusión, esa ilusión que solo el amor puede
dar.
Como sorpresa y obsequio "El caballero misterioso" (como ella le llamaba) le dedico un poema, llenándola más de esperanza e
ilusión, pensando ella de su lado de un futuro juntos, de un verdadero amor.
Poemas
de esos que nunca se olvidan, que quedan grabados en el alma, que de
tanto leerlos la existencia te cambian,
“Dama de dulces letras" el título.
Ese fue el comienzo del amor
para ella, para el solo un gesto de afecto, de afinidad y empatía; un
error, un coqueteo dirían algunos más críticos. Pero quienes son ellos para
hablar sobre lo que desconocen, quien no ama no ha sufrido, quien no apuesta no
gana, quien no tropieza y cae al caminar, no aprenderá a correr nunca.
Así nació y así murió ese amor intenso y eterno para ella. Para el, inicio una breve amistad y un pronto olvido.
El continua con sus letras, ella aun lo espera.
Colaboración de: Lucia Abigail Moore
(LAM)
Caracas, Venezuela. Abril de 2017

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