“Hoy la vi nuevamente, ella ensimismada
en sus pensamientos y absorta de nada que no sea lo que en ese
momento atrae su atención. Yo sigo observándola con disimulo para
no levantar sospechas; aunque no creo ella imagine nunca que yo la
observo… desde que la conocí”
“Tú, la que no tienes nombre” cada
día me cuesta más disimular lo que siento cuando te veo, me turba
el hecho de no coincidir en tu camino diario, quisiera saber tus
movimientos antes que los hagas para poder adelantarme a ellos y
cruzarme contigo. Tú, la que no tiene nombre aún me llamas
demasiado la atención, robas horas largas de pensarte y recordarte,
de extrañarte sin merecer de ti siquiera una mirada, eso me mata”
“Hoy la vi nuevamente, ella no me ha
notado, ocupa su tiempo en otras cosas. Durante el viaje trato de
leer un libro, pero mi atención merma al saberla cerca”.
“El amor tiende a la exageración, ésta
es su fuerza y su debilidad, la causa de sus ilusiones y de sus
desengaños”.
Así escribió el gran e inmortal Henri
de Régnier, pero cuánta razón tenía en su obra de 1930 Lettres
diverses et curieuses, écrites par plusieurs à l'un d'entre eux.
Cuando cita de manera magistral el amor comparándolo con la razón
de la cual George Lyttelton decía también: "El
amor puede esperar todavía cuando la razón desespera".
Pero quien le dice a mi razón que es más
que imbécil fijarme de una persona que no sabe que existo, rememoro
mis días de adolescente
cuando la veo, me siento como el adolescente
que ve a la muchacha que le gusta a la cual considera inalcanzable
para él; así me siento yo por ella: “La
que no tiene nombre”.
Hoy por fin me vio, se rio conmigo, creo
ya había notado que la observaba pero aún no tengo el valor de
esbozar un tibio “hola, que tal” con el que rompería
el silencio. Su sonrisa me cautiva, su mirada me congela, me tiembla
el habla solo de imaginar una conversación con ella, aún sigue sin
tener un nombre…
Ya nos hablamos ya conozco su nombre, solo
falta que ella conozca mi corazón.
Me gustan sus ojos, su boca, su cabello…me
encanta como juega con él, su color de piel me fascina, su ser de
mujer me enloquece y el saberla cerca alienta en mi un sentimiento
que no experimentaba hace tiempo, me recuerda al precursor de la
poesía francesa, el Duque Guillermo IX de Aquitania:
"Del amor no puedo hablar, ni siquiera lo conozco porque no
tengo el que quiero..."
Seguiré escondiendo lo que siento pues
entiendo que no está sola, no me lo dice pero yo lo noto!.
“Mientras exista algo que pensar,
algo que escribir, siempre estarás presente en esta ausencia que no
te olvida...”

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